Las palabras sanas que cambian los pensamientos

Una mente sana en un cuerpo sano necesita previamente unas palabras sanas que sean vocalizadas con fe, entusiasmo y perspectiva de futuro. 

La forma de hacer hasbará definitivamente empieza por cambiar la forma de hablar explicando conceptos que pretenden modelar positivamente la forma de pensar de otros y de nosotros mismos. No podemos explicar algo, en términos generales, sin la vocalización de palabras. Otras formas de comunicación son posibles tales como el lenguaje de signos, pero la forma más perfeccionada de comunicación es la vocalización de palabras que expresan ideas sencillas o complejas.

La psicología establece que tenemos que cambiar de mentalidad para alcanzar aquello que deseamos y por tanto un mejor estado de ánimo. La Escritura establece que tenemos que cambiar nuestro lenguaje, para empezar a cambiar nuestra mentalidad. En este caso el orden de los factores altera definitivamente el producto resultante. Aquellos que están dispuestos a cambiar de mentalidad deben estar primeramente dispuestos a cambiar la forma de hablar.

Lo que nos cambia es lo que decimos y no tanto lo que pensamos. La mente no puede modelar las palabras son las palabras las que modelan nuestros pensamientos entiéndase nuestra mente. No estamos hablando de repetitivos mantras o rezos para conseguir algo, o a alguien, sino de vocalizar las palabras sanas y motivadoras que salen de la Escritura.

El poder para cambiar los pensamientos está en la boca y no tanto en el cerebro donde una conjunción de ideas, pensamientos, pesadillas o sueños conviven enfrentándose entre sí cada día y cada noche. Lo que soñamos, e incluso los sueños que tenemos, en un alto porcentaje de los casos son enfrentamientos directos entre lo que deseamos, lo que tenemos y aquello que en realidad podríamos llegar a tener. Cada sueño es una lucha por vencer a su contrario en una especie de batalla interior la cual deberíamos poder entender y llegar a controlar.

Las órdenes en toda batalla salen de la boca de un mando militar que hacen que la mentalidad de los soldados se refuerce o se debilite. Cada palabra de autoridad tiene un efecto determinante en quién recibe una cierta orden. Los soldados se mueven en una u en otra dirección en base a las ya nombradas órdenes. La mente es un soldado rebelde que no está dispuesto a obedecer. Un soldado que busca como escaparse de la batalla sin pensar en los demás ni en el objetivo final de la guerra, por la que supuestamente lucha.

Lo que pensamos no necesariamente es aquello que hablamos al igual que en muchas ocasiones lo que decimos no es lo que pensamos. La realidad es que pensamos muchas cosas que no decimos por una razón u otra. No es un acto de hipocresía no decir lo que pensamos. En algunos casos es un acto de moderación, dominio propio y hasta de mera supervivencia.

El capitán de nuestra mente es la voz firme del mando único que dicta las órdenes para que sean cumplidas sin mayor dilación. La autoridad que hace que nuestra mente cambie viene de la boca entiéndase de nuestra forma de hablar. No se puede cambiar la forma de pensar sin cambiar primeramente la forma de hablar. En la boca está la clave de todo cambio que hace que hablando bien lleguemos a pensar bien. Los deseos de una mente enferma siempre se enfrentarán a la voluntad expresada por medio de palabras. La autoridad la tiene y mantiene aquellos que entienden que las palabras sanas son las que cambian los pensamientos. Gente hay que charla como quien da estocadas de espada; más la lengua de los sabios (trae) curación (Prov.12.18).  

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