Janucá no es fusión, confusión o ambigüedad

En algunas ciudades del mundo es cada vez más frecuente ver el encendido público de la luz de Janucá con la actuación de artistas de confusa ambigüedad. 

La festividad de Janucá rememora la victoria indiscutible de los judíos, liderados por la familia Macabea, sobre el poderoso ejército griego cerca del 165 AEC y la consiguiente nueva dedicación del Templo de Jerusalén. Los destacados hechos de valor y fe desmontaron la infraestructura político-religiosa que los griegos habían establecido en Israel y en todo lugar donde la sandalia griega había pisado. Un nuevo viento de libertad soplaba en Israel, a lo menos momentáneamente, dado que a los pocos años los romanos volvieron a cercenar la preciada libertad de las prácticas religiosas del judaísmo.

La helenización o sometimiento para ser más precisos que pretendían los griegos sobre los judíos estaba basada en fusión, confusión y una aparente ambigüedad religiosa en la que todo cabía y estaba permitido. Una de las peores cosas, no la única, que nos puede suceder con el paso del tiempo es que lleguemos a fusionarnos, confundirnos, léase también mimetizarnos, y ser tan ambiguos en nuestros supuestos políticos y religiosos que perdamos la identidad cultural, moral y espiritual que teóricamente representamos. La pérdida de identidad en este contexto algunos la han definido como asimilación que no es otra cosa que renegar de una creencia para abrazar otra forma cultural y religiosa antagónica a la fe que recibimos de nuestros padres.

En ciertos actos del mencionado encendido público de algunas de las luces de Janucá se puede apreciar a simple vista, sin ser profeta o hijo de profeta, que el futuro que nos espera no es tan luminoso como queremos hacernos creer a nosotros mismos y valga la redundancia. Todo parece indicar que más que iluminar este mundo con la verdad nos fusionamos con las luces artificiales, espiritualmente hablando, para congraciarnos con un mundo que lejos de querer congraciarse con nosotros pretende desgraciarnos y que en un sentido más amplio es quitarnos la gracia con la cual el Cielo nos dotó.

La moda es la fusión de todo, con todo y con todos que más redundante no puede ser. La fusión en la música ha llegado a niveles tal que el flamenco, por citar un ejemplo, se fusiona con ritmos étnicos árabes, con música urbana latina y todo esto aderezado con sensuales bailes de salón. Todo se fusiona y todo se confunde en esta especie de cama intercultural en que todas las posiciones e imposiciones son aceptables y aceptadas.

En el campo de la moda la fusión y la confusión han llegado a tal nivel que es muy difícil, casi imposible, reconocer a un hombre de una mujer y viceversa. La ambigüedad sexual es tal que ni por la estética, peinado o maquillaje podemos saber si a alguien le gustan las chicas o los chicos o ambos a la vez. En Janucá no había lo políticamente correcto sino lo correcto sin política de fusión, confusión o ambigüedad.

En las modernas celebraciones de Janucá también ha llegado la moda de la fusión, la confusión y la ambigüedad dónde las músicas más inspiradoras o motivadoras, espiritualmente hablando, se entremezclan, fusionan y confunden con estridentes ritmos latinos del momento entre otros estilos musicales. Los artistas que suben a un escenario levantado para honrar la memoria de los valientes Macabeos se les debe suponer una integridad moral, ética y espiritual que no se pueda confundir o ser tan ambigua que no se sepa si alaban a Aquel que hace los milagros como el acontecido en Janucá o promueven un estilo de vida antagónico a los preceptos establecidos por el Cielo.

En Janucá no todo vale dado que celebramos la victoria de la luz sobre la oscura ambigüedad que las tinieblas representan. En Janucá necesitamos que aquellos que están al frente dirigiendo o cantando inspiren a otros a vivir con valor y fe levantando la voz por los que no pueden hacerlo. En Janucá precisamos hombres y mujeres que sepan exaltar al Creador y su intervención en la historia en favor de los pocos en su lucha contra la injusticia de los muchos representada en este caso por los griegos. Januca no es fusión, confusión o ambigüedad sino valor, esperanza y fe en la victoria sobre la asimilación. Hazlo saber.

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