¿Balas o bulos? La democracia española en peligro

Entre las balas y los bulos hay pocas diferencias dado que ambos objetos de deseo son la causa de muchas muertes en este mundo. 

Todos sabemos que las balas no matan, me figuro que todos lo entendemos así, los que matan son los que teniendo un arma de fuego disparan las balas o los bulos contra alguien. El acusar a las balas de asesinas no es más que otro bulo que merece ser desmontado por la lógica y la verdad. En el diccionario podemos encontrar una definición de bulo como “una falsedad articulada de manera deliberada para que sea percibida como verdad». El detonador de la bala es el bulo inducido contra alguien que en la política española está a la orden del día.

Los bulos causan más muertes que las balas ya que su poder destructivo es mayor que las armas convencionales. La mentira disfrazada de verdad es la más peligrosa de las armas que una sociedad puede empuñar. Una falsedad en las manos de un asesino ideológico, activista político o militante de un partido extremista, de izquierdas o derechas, es un peligroso agente destructivo en medio de una sociedad que se cree democrática y libre.

La democracia, según Francis Schaeffer, no es más que la dictadura del cincuenta por ciento más uno. La llamada de atención de Schaeffer nos tendría que hacer pensar que una democracia puede convertirse en una dictadura por medio de los votos. La democracia es un gigante con los pies de hierro y barro que en cualquier momento puede caer de bruces y destruir en su caída a muchos.

En España la amenaza a la democracia viene por los extremos que se enfrentan con bulos a modo de mortíferas balas que pueden producir un estallido social de consecuencias impredecibles. Las premisas de los partidos gobernantes en coalición entre el Partido Socialista y Unidas Podemos son una amenaza, una virulenta amenaza, de quienes se creen que tienen todo el poder en sus manos.

La peligrosa afirmación del presidente del gobierno español sr. Sánchez quién ha dicho acerca de un partido de derechas «El viernes Vox cruzó una línea y será la última que cruce» suena a la mencionada amenaza que puede despertar al ogro del fratricida enfrentamiento entre españoles. Las acusaciones de ser un partido de ultraderecha solo se pueden entender como un bulo de aquellos que saben que en sus filas anidan los violentos de la ultraizquierda.

La conocida frase de Winston Churchill “Los fascistas del futuro se llamarán así mismos antifascistas” hoy se ha hecho presente en España. Los fascistas de izquierdas se llaman así mismos antifascistas con la consiguiente confusión de muchos que no entienden lo que está pasando y lo que va a pasar de seguir así el enfrentamiento, que es lo más peligroso.

Las balas en forma de bulo, de momento, de los fascistas de izquierdas es hacernos creer que todos los partidos de la derecha y los del centro son fascistas. La comparación entre democracia y fascismo está poniendo en la diana de tiro a todos aquellos que no comulgan con las ruedas de molino de la ultraizquierda que hoy por hoy representan los partidos de izquierdas, comunistas de falsa bandera socialista, que están acosando al resto de formaciones políticas.

La oculta dictadura de la ultraizquierda, bajo la apariencia de partido democrático, está minando la democracia en España. Una oscura dictadura de ultraizquierda que pretende asaltar el Cielo, el gobierno español, las instituciones democráticas y la destrucción de la Monarquía para establecer una república al estilo francés, con guillotinas incluidas.

El peligro de la ultraizquierda con sus políticas destructivas y antihumanas ya se ha manifestado en España haciéndose las víctimas cuando en realidad son los verdugos. Unas ideologías extremistas que pretenden cortar la cabeza de la democracia y exhibir su cuerpo públicamente tal cual hacen los talibanes en países bajo la influencia del comunismo aliado, contra natura, del yihadismo. La advertencia de cuidar la democracia debe materializarse por medio del voto democrático para elegir libertad o comunismo, lo uno o lo otro, ya que sabemos históricamente que ambos son imposibles de conjugar.

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