Velas, flores, ositos de peluche y música contra los yihadistas

Los atentados islamistas de Manchester y Londres, entre otros muchos, siguen el mismo patrón de muerte al cual los terroristas nos tienen acostumbrados. Los atropellos, los acuchillamientos, las bombas y el terror en medio de las despavoridas masas de personas, que en su pánico se atropellan unos a otros, ya forman parte del paisaje social de la Vieja Europa. Una estructura de terror a la cual solo Israel se ha enfrentado, con notable éxito y efectivos resultados ¿Aprovechará Europa la experiencia de Israel en la lucha contra el terrorismo islámico?

Europa está en peligro de extinción, pero todo parece indicar que no se lo están creyendo los más afectados, que son sus propios ciudadanos. La catástrofe es tan evidente que en vez de iluminar las conciencias de sus acaudalados intelectuales los está dejando ciegos o cuanto menos miopes, a la tragedia que posiblemente cambiará radicalmente la Europa tal cual hoy la conocemos. Las voces que alertan del peligro son silenciadas, tachadas de locuras apocalípticas o simplemente censuradas, para la mayor parte de la opinión pública europea.  Cuanto más evidente es el peligro más se considera una falacia. La mayoría de los europeos no creen que Occidente esté en peligro de extinción y ese es realmente el mayor de los peligros.

Los islamistas saben que los europeos siempre hacen lo mismo después de cada atentado. Un minuto de silencio. Velas, flores, ositos de peluche, música y olvido. Un terrible e injusto olvido hasta que los terroristas vuelven a dar un zarpazo y de nuevo da comienzo el mismo ritual. Los consabidos minutos de silencio, las velas derretidas, las flores secas, los peluches raídos por el sol y la lluvia, los actos de repulsa en forma de conciertos musicales y al final el ya nombrado olvido, cruel e inhumano olvido.

Los terroristas se ríen, exaltan al dios de la muerte, emiten sus amenazas por medio de los modernos canales de comunicación y siguen planeando su próximo atentado. Nada más va a suceder. Los yihadistas están conscientes que nada va a cambiar y que con el tiempo todo, absolutamente todo, se olvida. Lo que para ellos es una guerra, para los gobiernos europeos no deja de ser un mero enfrentamiento, con otra banda terrorista del estilo del IRA o de ETA.

Los gobiernos europeos creen que hay que acostumbrarse a los atentados, atropellos, bombas, acuchillamientos, violaciones y un sinfín de tácticas terroristas que tantos réditos está dando a los yihadistas. La impresión que Europa da es que su mensaje frente a los terroristas es pasivo, inútil e injustificable. El mensaje que están enviando a los terroristas es vosotros seguir asesinando, que nosotros seguiremos mudos, con nuestros minutos de silencio, nuestras velas, flores, ositos de peluche y nuestros conciertos lacrimógenos. La música no amansa a las fieras islamistas.

Los gobiernos europeos nos están pidiendo, más bien imponiendo, que nos acostumbremos a convivir con los yihadistas. Nos están pidiendo que soportemos estoicamente la sangre derramada en nuestro suelo, que callemos, que guardemos silencio y que olvidemos ¿Es esta la estrategia antiterrorista europea contra el terrorismo islamista?

La política de cauterización de la conciencia judeo-cristiana de Occidente está cambiando a pasos agigantados una Europa decrépita, que se desangra lenta pero inexorablemente. Los gobiernos europeos, presionados por las corrientes progresistas, apuestan por integrar en las instituciones democráticas a los terroristas como ya lo han hecho con otros grupos nacionalistas, que en su pasado histórico causaron tanto dolor, sufrimiento y muerte. En los parlamentos de muchos países en Europa están sentados los que antaño fueron condenados por terrorismo y que hoy son considerados ciudadanos al servicio de su país ¿Creen los gobiernos europeos que los yihadistas buscan en sillón de poder en las instituciones europeas? ¿Apaciguarán la furia yihadista integrando a esos terroristas en instituciones democráticas?

La indefensión de los desarmados europeos es un clamor, que parece no llegar a sus gobiernos y dirigentes. Una indefensión que algunos héroes, armados con un monopatín, pagan con su propia vida al enfrentarse con los yihadistas armados de cuchillos. La guerra contra el yihadismo en Europa no puede ganarse con velas, flores, ositos de peluche, música o con los monopatines de algunos de sus valientes ciudadanos. Lo primero que tendría que decir con toda claridad Europa a sus ciudadanos es que estamos en una guerra de civilizaciones, pero me temo que eso para muchos es políticamente incorrecto. Dios salve a Europa.

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