Tu B’Shvat: El Año Nuevo de los Árboles

Todos solemos recordar anualmente que un nuevo año comienza en el cual nos marcamos nuevas metas y buenos propósitos a conseguir. La renovación emocional que supone pensar en metas y objetivos motivadores forman parte de nuestra identidad como seres humanos. La naturaleza también recuerda, bajo las Leyes del Cielo, que comienza un nuevo año en el cual el objetivo es dar buenos frutos. La Escritura dice que somos como árboles ¿Qué podemos aprender de los árboles? Una comparación que tiene raíces muy profundas. No olvidemos que la creación comienza con los árboles como protagonistas de la vida. 

El día de la conciencia medioambiental es también otra forma como se ha denominado a Tu B’Shvat en donde somos advertidos del problema de contaminación integral que estamos generando. Los árboles son un inigualable medio de protección de la naturaleza; una materia prima renovable y una fuente vital de alimentación para todos los seres vivos. Sin árboles no hay vida y no hay futuro.

“Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol que dé fruto según su especie, cuya semilla esté en él, sobre la tierra”. Y fue así” Génesis 1.11

La creación de Dios da un énfasis de vital importancia al árbol que da fruto dado que forma parte de la subsistencia del ser humano. Sin árboles el ser humano muere irremediablemente y se acaba la civilización. Todas las formas de vida dependen de los árboles para su desarrollo, crecimiento y expansión a futuro. Los que aman al prójimo como así mismos deben amar y respetar la vida, globalmente hablando, en el plano de la naturaleza y muy específicamente de los árboles. No estoy hablando de mística sino de fe en Dios que ha dictado unas Leyes naturales y espirituales que nos dan vida o que nos la quita por nuestra perversa desobediencia.

“Y mandó Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás” Génesis 2.16-17

El hombre no quiere comer para ser más hombre, entiéndase más humano, en un sano crecimiento que pasa por la ayuda mutua; por cuidar la naturaleza y por ejercer justicia conforme a las Leyes de Dios. El hombre quiere comer para ser igual a Dios y ejercer dominio con sus propias leyes inhumanas. La tragedia por la que pasa la humanidad de destrucción, desnutrición, contaminación y muerte vienen por el hecho innegable de haber talado la Ley de Dios y haberla convertirlo en astillas para quemar. La desobediencia a la Ley de Dios son la causa básica de la destrucción, contaminación y muerte en la cual vivimos. Una desobediencia que será en última estancia el final del perverso hombre destructor y de todo a su alrededor.

La vida de todos los seres humanos está amenazada desde su concepción por medio del llamado aborto. Al igual que millones y millones de árboles son destruidos cada año la vida de millones de niños es talada, déjeme emplear este término, desde el vientre materno. El hombre es el mayor depredador del hombre sin comparación alguna con el resto de los seres vivos. La vida y la muerte no está entre los privilegios de los seres humanos. El hombre juega a ser Dios y esto le costará así mismo ser talado como taló la vida de otros.

De ellos se olvidará el seno materno; de su dulzor gustarán los gusanos; nunca más habrá de ellos memoria: ¡Como un árbol serán talados los impíos! Job 24:20 

El árbol del conocimiento del bien y del mal, en el Huerto del Edén, estaba prohibido para el ser humano. Un árbol que era “bueno para comer, agradable a los ojos y deseable” del cual Dios les dijo que ni comieren, ni lo tocaran. Muchas de las leyes que nos rigen, entiéndase filosofías político-religiosas, parecen buenas, agradables y a nuestros ojos nos hacen sabios. No son más que el orgullo del hombre para dominar al hombre y a la creación.

El ser humano en términos generales se cree superior a toda la naturaleza y por encima de las Leyes que el Cielo ha dejado activas para que vivamos por ellas. La contaminación del árbol del conocimiento fue el primer paso para la destrucción del árbol de la vida, que también estaba en el Huerto del Edén. La muerte vino por medio de la perversa creencia de que podemos ser igual a Dios. Las filosofías mundanas no han podido hacer al hombre igual a Dios y por tanto se dedican a contaminar la vida diciendo que Dios no existe. El grado máximo de ignorancia malévola se extiende por el mundo bajo formas con apariencia filosófica de sabiduría que solo pretenden, por influencia del Mal con mayúsculas, destruir la vida en el sentido más amplio de la palabra.

Toda la naturaleza de seres humanos, mundo animal y reino vegetal está anhelando ser renovada y reparada. El daño al ser humano que el propio ser humano ha producido está a la par con el destructivo daño que está causando a toda la naturaleza empezando por los ya reiteradamente nombrados árboles. Hoy más que nunca necesitamos reparar urgentemente el mundo y que se define con el término hebreo Tikún Olam.

El concepto Tikún Olam es una frase en hebreo que significa «reparar el mundo». Es importante en el judaísmo y a menudo se utiliza para explicar el concepto judío de justicia social. En términos generales; Tikún Olam puede ser entendida como una filosofía de vida de aquellos seres humanos que desean dejar una pequeña contribución al mundo; haciendo servicio social, mostrando interés por la humanidad y comportándose con bondad, empatía y solidaridad. Convirtiéndose así, en un ejemplo a seguir para muchos, y lograr cambiar la mentalidad de crueldad, egoísmo e indiferencia que muestran las sociedades. 

Aunque esta es una bella y acertada definición le falta el elemento básico de la Ley de Dios. Las filosofías, por muy buenas que parezcan, quedan exentas de ser eficaces de forma absoluta cuando no tienen en cuenta la Verdad con mayúsculas establecida por la Ley de Dios. No se trata de que tengamos una filosofía de vida, también los nazis, comunistas o anarquistas la tienen, sino que se trata de que tengamos la Ley de Vida que emana del Cielo y no la que surge de un corazón afectado y contaminado por el mal. No hay ningún hombre que sea bueno, tan bueno, como para que pueda cambiar el mundo con una filosofía diseñada por sí mismo.

La Escritura compara a los seres humanos con los árboles. Los árboles nos enseñan a vivir y nosotros los talamos como si fueran un mero objeto sobre el cual tenemos el derecho a destruir y utilizar a nuestro antojo ¿No será eso lo que hace el ser humano también con sus propios congéneres? El respeto al hombre por el hombre va en la misma dirección que el respeto que el hombre tiene por la naturaleza y más específicamente con los árboles.

El modelo que Dios quieren implantar en el ser humano está exclusivamente basado en el conocimiento, aplicación y enseñanza de la Escritura. Un hombre que solo podrá prosperar, reparar y cambiar el mundo con la bendición del Cielo sobre su vida. Un hombre que se deleita en el buen árbol de la vida que es la Palabra de Dios.

“Bendecido el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la Ley de Dios está su delicia y en su Ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará” Salmo 1.1-3

No se puede entender Tu B’Shvat como solamente el Año Nuevo de los Árboles ¿Cómo deberíamos entender Tu B’Shvat? La celebración debe ser entendía a la vez como el año nuevo, renovación y regeneración del ser humano en su mutua relación con el prójimo y con la creación de la cual Dios le ha hecho responsable. “El fruto del justo es árbol de vida; el que gana almas es sabio” Proverbios 11.30

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