La España Sefardita del siglo XXI

“El gobierno de España reconocerá la nacionalidad española a los descendientes de los judíos sefarditas, expulsados por los Reyes Católicos, en el que nunca debía haberse promulgado Edicto de Granada del año 1492”

MADRID, 03/05/07.- El Rey recibe el saludo del Gran Rabino Principal Sefardita, Shlomo Amar, a quien ofreció una audiencia con el Consejo Directivo de la Sephardic National Alliance. EFE/Emilio Naranjo

MADRID, 03/05/07.- El Rey recibe el saludo del Gran Rabino Principal Sefardita, Shlomo Amar, a quien ofreció una audiencia con el Consejo Directivo de la Sephardic National Alliance. EFE/Emilio Naranjo

El gobierno de España reconocerá la nacionalidad española a los descendientes de los judíos sefarditas, expulsados por los Reyes Católicos, en el que nunca debía haberse promulgado Edicto de Granada del año 1492. Algunas fuentes hablan de un millón, aproximadamente, de sefardíes solo en Hispanoamérica, que podrían acogerse a la solicitud de ciudadanía española. Otras fuentes más moderadas hablan de cientos de miles, sin precisar una cifra concreta dado la diseminación actual de dicha Comunidad Sefardita.

Los judíos sefarditas con la Expulsión de España, se establecieron en países como Portugal o Marruecos “exiliándose” involuntariamente a muchos países del Mediterráneo, llegando incluso a lugares tan lejanos como Irán o Irak.

La noticia ha conmovido los sentimientos y la conciencia nunca perdida de los descendientes de los judíos sefarditas que actualmente viven diseminados en todo el orbe mundial. Los medios de comunicación escritos, la radio y la televisión están haciéndose eco, entre sorprendidos y desprevenidos, del tema Sefarad y los judíos sefarditas. Los medios en España e Israel prestan especial atención en estos días al anuncio de la concesión de la ciudadanía española. Algunos hablan incluso de un cierto colapso en las embajadas y consulados españoles.

El Rey Juan Carlos ha expresado su orgullo, personal e institucional, del legado sefardí que España históricamente conserva. En una reciente reunión con líderes judíos, enfatizó la importancia que tiene para España el reforzar los lazos “sociales, culturales y emocionales” que nos unen con la Comunidad Sefardita. En tono protocolario, ante un grupo de representantes de organizaciones judías venidas desde Estados Unidos a España, el monarca habló repetidamente de esos vínculos históricos de los cuales se sentía especialmente orgulloso. El Rey Juan Carlos I de España ostenta, entre otros títulos, el de “Rey de Jerusalén”, un símbolo que nos podría ayudar a entender la especial relación entre  España e Israel.

El ministro español de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, también se reunió posteriormente con los mencionados líderes judíos norteamericanos, a los cuales les dijo que se pretendía reparar “uno de los errores históricos más importantes” de la historia de España, con el hecho de dar la nacionalidad española a los descendientes de los judíos sefarditas. El Edicto de expulsión de los judíos supuso la mayor ignominia para un país como España que retrocedió, en muchos años, al progreso alcanzado antes de la mencionada expulsión. Difícilmente se puede compensar la Expulsión de los judíos con dar la nacionalidad española a sus descendientes, pero es un paso más que merece ser considerado como un hecho positivo.

Muchas son las voces que subrayan el simbolismo de conceder, más bien reconocer, la nacionalidad española a los reiterados descendientes de los antiguos sefarditas. Como simbolismo está bien, pero adolece de una reparación mucho más concreta y más evidente como la restitución de los bienes espoliados a la comunidad judía sefardita expulsada, tanto en la época de los Reyes Católicos, como las posteriormente ocurridas a lo largo de la historia. La Sinagoga Mayor de Toledo (Santa María la Blanca) entre otras propiedades judías, espoliadas o expropiadas, son objeto de reiteradas peticiones de la Comunidad Judía Española de devolución, por parte de la Iglesia Católica, receptora y custodia de muchos edificios judíos. Las autoridades eclesiásticas católicas, desde hace unos años, han tomado un nuevo interés en las relaciones con la Comunidad Judía y muy especialmente desde la llegada del Papa Francisco.

El momentáneo entusiasmo es previsible que se vaya enfriando a medida que se concrete de forma definitiva el alcance y las condiciones que serán necesarias para acceder a la nacionalidad española de los miles que podrían solicitarla. Las noticias más recientes hablan de un interés, por parte del ejecutivo español, en acelerar y facilitar dicho proceso a los judíos sefarditas que lo soliciten. Fuentes tanto en España, Israel y numerosos países en Hispanoamérica, hablan de “estupenda acogida” al paso dado por el gobierno español. La variedad de opiniones al respecto es diferente, como es natural, dependiendo del país donde residen y son ciudadanos los descendientes de los judíos sefarditas. La numerosa Comunidad Judía Argentina o la también numerosa Comunidad Judía de los Estados Unidos, son dos ejemplos a destacar.

Una cláusula, en el proceso para alcanzar la ciudadanía española, permite que los solicitantes de la ciudadanía española, puedan conservar su nacionalidad, aquella que tengan previamente a la solicitud en España. Anteriormente no estaba contemplada dicha posibilidad de gozar de una doble ciudadanía compartida. Internet y la profusión que la noticia ha contado en numerosos medios de comunicación, ha extendido la noticia con suma rapidez. La información de la disposición española de conceder la ciudadanía ha redundado y facilitado la solicitud de más información en la embajada española en Tel-Aviv.

Muchos hablan de “sorpresa y entusiasmo”. Esperemos que no dejen paso a una decepción que no sería buena para nadie, ni para los sefarditas, ni especialmente para España, la gran beneficiada de dicha medida. La historia no se puede cambiar, pero se podría contrarrestar los efectos adversos que históricamente ha tenido en España la expulsión de una gran parte de judíos españoles llamados sefarditas. Reconocer el error histórico que supuso la Expulsión y derogar o abolir las leyes de la Expulsión, deben ser los siguientes pasos de la Monarquía Española y del Gobierno que legítimamente representa a todos los españoles. Déjeme recordarles que muchas familias sefarditas conservan las llaves de sus casas y que se las van pasando de generación a generación. España no les abre la puerta del progreso en forma de reconocerles la ciudadanía; ellos son los que pueden abrir la puerta del progreso a España, como ciudadanos históricamente y legítimamente sefarditas. En otras palabras, judíos españoles con denominación de origen, como los buenos vinos.

 

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