La amenaza yihadista y su expansión silenciosa

“Todos los días saltan las alarmas mediáticas con nuevas noticias sobre el yihadismo que, a fuerza de repetirse en el tiempo, dejan de ser novedosas y se convierten en cotidianas.”

SANÁ (YEMEN) 22/04/2014.- Los militantes de Al Qaeda Sami Dayan (der) y Farhan Al Saadi (2-izq) permanecen bajo vigilancia durante la lectura de su sentencia en el Tribunal de la Seguridad del Estado de Saná (Yemen) hoy, martes 22 de abril de 2014. Los dos militantes de Al Qaeda Farhan Al-Saadi y Sami Dayan han sido sentenciados a entre cuatro y 15 años por pertenencia a la célula de la banda terrorista en la Península Arábica (AQAP) y por organizar el asesinato de Salem Qatan, un alto mando militar, en junio de 2012 que había dirigido una ofensiva contra los militantes de Al Qaeda. EFE/Yahya Arhab

SANÁ (YEMEN) 22/04/2014.- Los militantes de Al Qaeda Sami Dayan (der) y Farhan Al Saadi (2-izq) permanecen bajo vigilancia durante la lectura de su sentencia en el Tribunal de la Seguridad del Estado de Saná (Yemen) hoy, martes 22 de abril de 2014. Los dos militantes de Al Qaeda Farhan Al-Saadi y Sami Dayan han sido sentenciados a entre cuatro y 15 años por pertenencia a la célula de la banda terrorista en la Península Arábica (AQAP) y por organizar el asesinato de Salem Qatan, un alto mando militar, en junio de 2012 que había dirigido una ofensiva contra los militantes de Al Qaeda. EFE/Yahya Arhab

El Ministro de Interior de España, Jorge Fernández Díaz, entre otros responsables de seguridad “avisa de que la amenaza yihadista se agrava en Europa” y en todo el mundo Occidental, según mantienen las primeras planas de la mayoría de los medios de comunicación españoles. ABC, el conocido periódico, señala que “la reunión de los ministros del Interior del G6 acuerda invitar a terceros estados, especialmente a Turquía, cuando se analice el fenómeno yihadista”. Para muestra basta un botón.

Todos los días saltan las alarmas mediáticas con nuevas noticias sobre el yihadismo que, a fuerza de repetirse en el tiempo, dejan de ser novedosas y se convierten en cotidianas. Atentados, secuestros como el de los tres jóvenes israelíes, decapitaciones, torturas o invasiones a terceros países son el pan de cada día del horno mediático en el que estamos envueltos.

Estos hechos, vinculados con sangre, tortura y muerte por parte del yihadismo internacional, están provocando un gran sufrimiento no sólo en Occidente sino en todas las personas de bien de las propias comunidades musulmanas, que rechazan la violencia yihadista y huyen de ella, provocando grandes migraciones que, de continuar, podrían llegar a convertir el planeta en un gran campo de refugiados insostenible de mantener y controlar. Basta ver cómo la población local huye despavorida del terrorismo de ISIS en Irak.

Si confeccionamos una lista con las guerras abiertas o encubiertas que asolan el mundo comprobaríamos que están relacionadas con el yihadismo. El Confidencial, periódico en la red, presenta la grave situación que vive África en relación al yihadismo: “El Sahel, esa enorme franja de terreno que abarca desde el oeste en Mauritania y el Sáhara Occidental hasta Somalia, incluyendo a once países: Mauritania, Senegal, Malí, Burkina Faso, Níger, Chad, Sudán (Norte y Sur), Eritrea, Etiopía y Somalia”. No podemos olvidar Nigeria como base y epicentro del yihadismo de Boko Haram, que aún mantiene secuestradas a un grupo indeterminado de niñas desde hace unos meses. Boko Haram continúa perpetrando más secuestros y atentados en la castigada Nigeria.

La mal llamada Primavera Árabe ha devastado países como Túnez, Egipto, Yemen o Libia y amenaza a Turquía, país denominado moderado de trasfondo islámico. Citar también Siria, Irán, Líbano e Irak, donde el yihadismo se extiende como la pólvora. El temor a que todo Oriente Medio se vea envuelto en una guerra regional está contemplado por Occidente, especialmente por Estados Unidos y Europa. El panorama no se cierra con esta somera relación de países en conflicto con el yihadismo pero resulta suficiente para hacernos una idea de lo que está pasando en el mundo.

Eslabones de una misma cadena que aprisiona y amenaza la libertad del mundo occidental. La gran amenaza de Occidente es el yihadismo, que está sembrando de odio a todo el Oriente contra el ya mencionado Occidente, al cual quiere destruir como a una “malvada” civilización, así definida por el islamismo más radical e intolerante. La estrategia yihadista es dominar el mundo, en sus propias palabras, que expresadas sin pudor alguno recorren el corazón de Occidente en cada manifestación pública y privada que hacen. El problema es que muchos no le dan la importancia debida a los signos que a diario se van advirtiendo.

Siguiendo con la estrategia islamista de expansión observamos que primero llegan algunas familias yihadistas disfrazadas de moderados musulmanes, toman una casa y empieza el dominio de la zona en cuestión donde se instalan. Con el tiempo toman un edificio de apartamentos, por lo general el más alto del barrio si les es posible, hasta que llegan a controlar una zona bajo su influencia. Empiezan entonces a aparecer los negocios típicamente islamistas, como las carnicerías musulmanas, las madrasas, las mezquitas y los centros islámicos de caridad.

Todas estas instituciones, como las definimos en Occidente, son el medio de expansión y mantenimiento económico del yihadismo. Llegados a este punto, y precisamente para evitar ser percibido como exagerado, un inciso; el tema tratado no es una mera opinión personal del autor, es una realidad constatada por organismos internacionales sobre yihadismo, entre otros, el Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos (1).

En pocos años toman pueblos y ciudades medianas hasta que alcanzan los órganos de poder como son ayuntamientos y alcaldías. Cuando tienen en sus manos la ciudadanía, sea del país que sea, entran en la política, el ejército y policía locales. El círculo de control social se va estrechando y el peligro aumenta a pasos agigantados. Cuando son un número importante de población y alcanzan unas ciertas cotas de poder local empiezan a exigir derechos que no están dispuestos a permitir en ningún país islámico. La libertad religiosa tan esgrimida por los islamistas es totalmente prohibida en países islamizados, desde el más yihadista hasta el más moderado supuestamente.

Los musulmanes nunca fueron buenos compartiendo espacio con otras religiones. La transigencia que piden con ellos es diametralmente opuesta a la intransigencia que muestran con las demás creencias, especialmente con el cristianismo y el judaísmo. Los cristianos son perseguidos a muerte en muchos países, donde convertirse al cristianismo está penado con la muerte por lapidación o decapitación.

El Occidente democrático, defensor de la libertad religiosa y de conciencia en todo el planeta, debería tomarse en serio este asunto. La Ley de Reciprocidad por la cual existe una “correspondencia mutua de una persona o cosa con otra” debe ser aplicada rigurosamente en relación al yihadismo. En el campo de la diplomacia internacional y según este principio, “si un estado expulsa a un diplomático de otro estado, éste puede expulsar a los de aquél”. Si los gobiernos de los países islamizados no permiten construir una iglesia ni a su propios ciudadanos, ni a los de otros países, por la Ley de la Reciprocidad no se les debería permitir construir una mezquita o centro de culto islamista fuera de sus países. Como ya hemos señalado, muchas mezquitas y centros islamistas de supuesta caridad son utilizados por el yihadismo para expandir su guerra santa o yihad. La aplicación defensiva de la denominada Ley de Reciprocidad es más necesaria que nunca en la historia de la humanidad contra la inhumanidad yihadista que amenaza las mismas bases que han dado identidad a Occidente.

No es de extrañar que Europa vea amenazada su seguridad. Lo terrible es que la democracia occidental es la que ha permitido con su inacción hasta ahora la expansión del yihadismo. Todo por su patética, condescendiente, comprensiva política con los islamistas y su ficticia integración, buscando evitar un debate políticamente incorrecto. Las políticas de “pies de barro y de hierro” de la democracia nos harán caer tarde o temprano a no ser que alguien lo remedie.

Acostumbrarnos o resignarnos, en el peor de los casos, a meramente escuchar los hechos trágicos del yihadismo solo hace que los terroristas islámicos se crean más fuertes. El mal nos hace, con el tiempo, malos o cobardes a nosotros mismos. Denunciar los inhumanos hechos del yihadismo y advertir de la estrategia de expansión del mismo es cuanto menos una responsabilidad que no vamos a eludir con la ayuda del Cielo. Cada uno debe asumir la responsabilidad que tiene. Los ministros y ministerios de seguridad ciudadana deben estar alertas y preparados para enfrentarse a un yihadismo que ya ha abierto otro frente en Irak. ¿Cuál será el próximo frente y en qué país?

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