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La Universidad Hebrea de Jerusalén afirma que sobrestimamos al alza la presencia de minorías en nuestro entorno ¿Qué pretende este descubrimiento? 

La percepción que tenemos es una cosa, pero el número de personas que forman la minoría es otra. Los conflictos sociales aumentan proporcionalmente al crecimiento de una minoría especialmente cuando esa minoría tiene el objetivo de ocupar el espacio de la mayoría. En Israel y en el resto del mundo si las minorías son árabes o musulmanas su objetivo es tomar el control del país para ser la mayoría.  

El sometimiento al Islán es el objetivo no escondido del mundo del radicalismo yihadista. El que haya menos estudiantes de una minoría en la universidad no significa que se pueda transpolar a todos los sectores de la sociedad. La percepción que tengamos poco puede significar sin considerar la realidad numérica de esa minoría.  

El triunfo de Hamás en las elecciones estudiantiles de la Universidad de Birzeit (Judea y Samaria) ya ha empezado a alertar a las autoridades ¿Qué percepción se ha tenido del número de universitarios de Hamás en el consejo estudiantil de la universidad? ¿Les parecían pocos estudiantes de Hamás? La percepción es un engaño psicológico que nos impide actuar y ver la realidad. La minoría árabe palestina busca la desintegración del Estado de Israel y la aniquilación de todos los judíos. Los estudios universitarios deberían ser tendentes a alertar del peligro que suponen ciertas minorías y no para cauterizar las conciencias con los manidos eslóganes de integración, inclusión y aceptación cultural o religiosa.  

La pretensión de que todos convivamos bajo un mismo espectro cultural o religioso es una quimera social. En toda la historia de la humanidad no hemos logrado integrarnos los unos con los otros. Cada país, pueblo o nación tiene una estructura social que se considera a sí misma cómo mayoritaria que no pretende integrarse en otra mayoría o minoría diferente.  Todos tendemos a convivir con iguales y cuando se quiere forzar la convivencia o la integración el resultado siempre es catastrófico.   

El caso noruego es una llamada de atención para los que pretenden forzar la integración de una minoría con una mayoría por razones de aparente conveniencia social. La permisiva sociedad sueca “no ha logrado integrar a la gran cantidad de inmigrantes que ha recibido en las últimas dos décadas, lo que ha provocado la creación de sociedades paralelas y el incremento de la violencia en las calles del país. Así lo ha reconocido la primera ministra, Magdalena Andersson, en unas declaraciones recogidas por Reuters”. Toda una lección de humildad para la liberal Suecia. 

Las mayorías no tan grandes y las minorías no tan pequeñas en Israel son el resultado de la filosofía progresista de integración y del complejo de las políticas conservadoras de no querer parecer cómo extremistas. El verdadero extremismo es querer forzar la integración de la minoría árabe en la sociedad israelí haciéndonos creer que las mayorías deben ir cediendo terreno cultural y religioso a las diferentes minorías para conformar una masa integradora de buenas gentes que se respetan mutuamente. No podremos vivir armónicamente los unos con los otros sin el respeto mutuo con sus diferencias incluidas.  

La realidad es que mientras haya una minoría que prefiera morir asesinando judíos, a vivir en paz, seguiremos prefiriendo ser mayoría para poder salvar nuestra vida y la de nuestros hijos. Las mayorías de firmes convicciones no son tan grandes en Israel y las minorías excluyentes no son tan pequeñas cómo aparentemente pensamos o incluso cómo nos quieren hacer pensar.  

La integración de las minorías en Israel y resto del mundo es una utopía peligrosa que las encuestas se encargan de expandir por el sector académico en primer lugar para llegar después más fácilmente a las capas menos formadas de la sociedad. Hazlo saber. 

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