El Triángulo de las Bermudas Islámico en España

El dolor y luto invade el corazón de los españoles que ven, una vez más, como el terrorismo islamista sesga la vida de inocentes ciudadanos cuyos únicos pecados eran sus ganas de vivir. Las primeras noticias señalan como los terroristas han asesinado, no con estas palabras políticamente incorrectas, a trece personas y dejado un centenar de heridos, algunas de ellas de extrema gravedad en Cataluña.

La reivindicación del atentado, por parte del Estado Islámico, nos indica que no se trata del consabido “lobo solitario” al cual siempre se recurre y señala. En la práctica da igual si el atentado terrorista lo ha gestionado el Estado Islámico, Al Qaeda, Hezbollah, los Talibanes, Boko Haram, Al Nusra o Hamás de Gaza. Todos estos grupos, y otros de la misma calaña, tienen el objetivo común de la imposición del Islam, por la fuerza y el establecimiento de la Ley Sharia, en todo el mundo. No en vano el eslogan difundido por todos estos grupos terroristas es “el Islam dominará el mundo” que además no esconden, ni disimulan.

El Triángulo de las Bermudas Islámico en España está definido por las líneas imaginarias trazadas que van desde Cataluña, pasando por la Capital de España Madrid, para acabar en Ceuta y Melilla. La densidad de población islámica en estas zonas de España excede con mucho a la concentración de musulmanes, en otras partes del país. Lo más grave es que estás zonas, tomadas por el yihadismo, cuentan con su propia “policía” que impone la terrorífica Ley Sharia al igual que sucede, en otras partes de Europa. La invasión del Islam en Europa no es una utopía sino una realidad, que soportan los indefensos y desarmados ciudadanos europeos.

La destrucción de los infieles occidentales, cristianos y cruzados como despectivamente los identifican, es una más que evidente declaración de guerra, que Occidente ignora reiteradamente. La guerra de civilizaciones es otra realidad, que los gobiernos europeos y la mayoría de las fuerzas políticas ocultan a sus respectivas sociedades. El daño que hicieron los llamados progresistas, a la Civilización Occidental, al negar que hubiera un enfrentamiento de culturas nos ha llevado hasta estos escenarios sangrientos, en toda Europa.

El estado del islamismo en Occidente, no confundir con el Estado Islámico, se ve fortalecido por las subvenciones millonarias, que llegan a las arcas terroristas ¿Cómo es posible que Occidente siga financiando a los terroristas islámicos? No se puede entender bajo ningún concepto que la ONU tenga esas oficinas, disfrazadas de agencias humanitarias, ocupadas en recaudar fondos, para los diferentes grupos terroristas islámicos. El lenguaje políticamente correcto es absolutamente peligroso e injusto, para la memoria de las víctimas, las viudas o huérfanos, los heridos y para el resto del mundo en general.

Un peligroso lenguaje que suaviza el mensaje hablando del islamismo radical ¿Acaso existe un islamismo qué no sea radical? El mismo lenguaje, políticamente correcto, que habla de no confundir islamismo con Islam. La peligrosa barbaridad es no reconocer e identificar al islamismo o yihadismo con su matriz el Islam. No hay islamismo sin Islam valga la redundancia. La causa del terrorismo islámico palestino ha cauterizado la conciencia de la sociedad occidental llevándonos a pagar a los asesinos, para que nos maten. Una locura que seguirá regando las calles europeas de sangre y muerte.

La indiferencia hacia los crímenes del islamismo solo puede ser entendida como un suicidio colectivo, de consecuencias previsibles. Los medios insisten en decir que una furgoneta envistió contra los transeúntes causando un número indeterminado de heridos ¿Qué clase de malvado lenguaje, políticamente correcto, culpa a un automóvil del causante directo del terrorismo? No ha sido un automóvil el causante de las muertes de inocentes sino los terroristas islámicos usando vehículos, cuchillos, bombas o misiles, para asesinar a cuantos pueden. La claridad del lenguaje es esencial para que las acciones de las fuerzas de seguridad sean entendidas, aceptadas y apoyadas por toda la sociedad. Cuesta mucho en Europa aceptar, incluso se oponen directamente, que las mencionadas fuerzas de seguridad puedan abatir a los terroristas islámicos.

La ceguera es tal en Occidente que lejos de apoyar y aprender de Israel, en su lucha sempiterna contra el terrorismo islámico palestino, justifican las acciones del yihadismo con tantas absurdas formas, que me impiden reproducirlas sin experimentar arcadas y vómitos. En unas horas veremos el ritual europeo, después de cada atentado, de llenar las calles de “velas, flores, ositos de peluche y música contra los yihadistas” ¿Hasta cuándo? Hasta que Occidente cambie el lenguaje políticamente correcto, por el lenguaje políticamente verdadero de llamar al pan y al vino, por su nombre. Solo entonces empezará a cambiar la perspectiva del peligro que representa el islamismo en el mundo en general y en el Occidente Europeo, en particular. Nunca más el lenguaje políticamente correcto ¡Nunca más!

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