Día del Holocausto o la exaltación del comunismo soviético

El próximo 27 de enero se recuerda intencionalmente el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, pero pareciera indicar que la conmemoración señala más a la exaltación del comunismo soviético que a rendir honor a las víctimas. Un régimen, el comunismo soviético, igualmente genocida como el nazismo nacionalista alemán ¿Qué pretenden que recordemos el día 27 de enero de cada año? Pregunto, solo pregunto.  El hombre, entendido como la raza humana, puede ser el elemento más destructivo, depravado y dañino de toda la creación ¿Nos sentimos ofendidos con estos epítetos qué nos identifican cómo humanos? Más ofendidos nos deberíamos sentir, pero lamentablemente además de inhumanos tenemos la más terrible de todas las enfermedades entiéndase como la falta de memoria y entendimiento. Una cruel falta de memoria que nos lleva a repetir el infundado odio contra el prójimo y muy particularmente contra los judíos. Por si fuera poco, a la falta de memoria histórica se le añade el perverso efecto de magnificar ciertos acontecimientos y de minimizar los que son verdaderamente importantes y centro de la cuestión de aquello que señala la mencionada historia.

La falta de memoria voluntaria y asumida conscientemente, aunque se carezca de conciencia, ha llevado a muchos a negar el hecho más cruel contra humanidad que se haya dado en toda la historia. No es posible encontrar otra tragedia más perversa que el denominado holocausto, pero aun así un determinado grupo de inhumanos deformes, atrofiados y sanguinarios nazis pretenden negar que existió. Los nazis y sus congéneres, aunque sean de diferente ideología, siguen negando el Holocausto. Una negación que no deja de ser otra forma de persecución contra los judíos y el judaísmo.

Todas esas hordas sanguinarias tienen un nexo ideológico común que los califica como inhumanos. Una común forma irracional de pensar que los induce al odio contra los judíos y todo lo que representan. El Holocausto es un sello con tinta de sangre sobre el pasaporte de la vida que los seres humanos llevamos impreso en nuestro corazón. No podemos olvidar.

El Nazismo Nacionalista y su congénere el Comunismo Soviético han convertido a sus adeptos en groseros seres con el intelecto atrofiado. Los ha convertido en orcos irredentos despreciables por comparación al resto de la humanidad. La atrofia intelectual de la que hacen gala está sostenida por la falta de memoria histórica mantenida incluso por muchos gobiernos que no han contrarrestado tan diabólica influencia en medio de las sociedades que se llaman democráticas. Unos gobiernos que independientemente de su doctrina política siguen sin enfrentarse con toda la fuerza de la razón y la razón de la fuerza contra la lacra del antisemitismo.

La Democracia, como sistema político con nombre propio, tiene la responsabilidad histórica de anular el veneno antisemita que sigue envenenando, valga la redundancia, a miles y miles de nuevos reclutas del mal con todos los medios a su alcance.

Por una especie de fraudulento sentido de culpabilidad “La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió el 1 de noviembre de 2005, en la Resolución 60/71 designar el 27 de enero Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto”. Una resolución que se queda en papel mojado mientras los gobiernos firmantes y los posteriores que lo asumieron no hagan nada determinante para impedir que la pandemia del antisemitismo siga contagiando a la humanidad.

La enseñanza en los colegios y centros de educación superior es un primer paso para que no se olvide la historia del Holocausto, pero lamentablemente está muy limitada. Una tragedia la del Holocausto que aun muchos quieren que se repita o que se continúe negando. El primer paso que el tema del Holocausto sea parte del currículum lectivo en la enseñanza tenía que haber sido instrumentalizado desde el mismo año en 1945, cuando el ejército soviético entró en el considerado mayor campo de exterminio nazi, en Auschwitz-Birkenau en Polonia. No es posible que se siga recordando el 27 de enero de cada año las hazañas del ejército soviético y se siga dejando, en alguna manera, en un segundo plano a las víctimas que sufrieron semejante afrenta irreparable.

En la práctica, el llamado Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, se ensalza más la victoria soviética que el vil asesinato de millones de seres humanos. Todo parece indicar, bajo mi particular punto de vista, que las víctimas del Holocausto fueron una especie de daño colateral que había de incluirse en el relato histórico. Un acontecimiento que tenía que ser registrado para que la memoria histórica del comunismo soviético quedara reflejada como una victoria contra el mal que representaban los nazis. El Comunismo no se enfrentó con los nazis para salvar a los judíos sino para vencer al ejército alemán que tanto daño los había producido.

El Comunismo y el Nazismo, ambos con mayúsculas, fueron designados por la Unión Europea regímenes genocidas. “La Unión Europea situó oficialmente al comunismo al mismo nivel que el nazismo, tras aprobar una resolución en la que se condenó que «ambos regímenes cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones, y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”. No olvidemos que seguimos enfrentándonos a la más perversa lacra genocida contra la humanidad que se llama antisemitismo, antisionismo o antijudaísmo. No lo olvide.

En el campo de batalla se libró una guerra entre el Bien y el Mal, también con mayúsculas, en dónde la victoria fue de aquellos que lograron sobrevivir a la perversa ensoñación del nazismo alemán y del comunismo soviético. Una lacra con nombre propio Nazismo y Comunismo que no queremos olvidar, ni perdonar. Los mismos perros rabiosos con diferente collar. Unos perros atados con cuerdas largas, que siguen vociferando, en la perrera de la Comunidad Europea y en la de sus socios de la ONU. La rabia del antisemitismo no tiene cura. Qué no se nos olvide tampoco compañeros de fe.

Las víctimas y héroes que debemos recordar, a modo de estatuto perpetuo, son aquellos que fueron aniquilados por estar indefensos; los que sobrevivieron por ser fuertes y cuantos siguen haciéndonos recordar la historia por ser valientes. En el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto solo puede haber unas víctimas, unos héroes y unos valientes que pagaron con sus vidas por ser judíos.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: